Desde siempre la energía ha sido una necesidad básica para la vida del hombre. Conforme éste ha ido encontrando nuevas fuentes energéticas, se ha ido desarrollando cada vez más incrementando con ello el nivel de bienestar.
Podemos decir que la era moderna ha sido posible gracias a la explotación del carbón, el petróleo y el gas natural. Todos los avances de los dos últimos siglos, están conectados, de un modo u otro, con el aumento masivo de la energía generado por la quema de estos combustibles fósiles.
Hoy día podemos decir que en los países industrializados el hombre consume unas 17 veces más de la energía mínima necesaria para la vida.
El modelo energético actual se basa en la utilización a gran escala de los combustibles fósiles petróleo, carbón y gas, con una participación en la energía consumida de más del 80 %.
Esto origina tres problemas fundamentales que marcan su carácter de no sostenibilidad de este modelo: desarrollos centralizados; agotamiento de los recursos; deterioro medioambiental.
La cuarta parte de la población mundial consume las tres cuartas partes del total de la energía primaria en el mundo.
El agotamiento de los recursos energéticos convencionales es uno de los problemas a corto plazo de este modelo energético. El ritmo de consumo de estos combustibles es tal que en un año la humanidad consume lo que la naturaleza tarda un millón de años en producir.
La disponibilidad de petróleo abundante y barato es por tanto esencial para la economía y el bienestar de las sociedades industrializadas. En el caso de escasez, el acceso al petróleo, será causa de conflictos internacionales de gran importancia.
Al ritmo de consumo actual, queda en el planeta petróleo para unos 45 años; gas natural para unos 60; uranio para unos 70 años y carbón para unos 250 años
Los problemas medioambientales provocados por la utilización de estos combustibles fósiles amenazan con poner en grave riesgo la salud del planeta. El efecto invernadero, el calentamiento progresivo con el consiguiente cambio climático son algunas de las graves consecuencias de la emisión a la atmósfera de gases contaminantes principalmente CO2..
Son cada vez más los científicos que consideran como una posibilidad real un cambio climático, y esta preocupación está alcanzando ya niveles sociales y políticos, de ahí los últimos acuerdos internacionales como el de la cumbre celebrada en Kioto.
Esta claro que el modelo energético actual no es sostenible y la humanidad, si no quiere enfrentarse en breve espacio de tiempo a una crisis energética de consecuencias impredecibles, tendrá que cambiar su modo de vida y encontrar soluciones energéticas que no contaminen, que sean accesibles a todos los países y que sustituyen al soporte energético actual basado en los combustibles fósiles.
Desde siempre la energía ha sido una necesidad básica para la vida del hombre.
Conforme éste ha ido encontrando nuevas fuentes energéticas, se ha ido desarrollando cada vez más incrementando con ello el nivel de bienestar.
Podemos decir que la era moderna ha sido posible gracias a la explotación del carbón, el petróleo y el gas natural. Todos los avances de los dos últimos siglos, están conectados, de un modo u otro, con el aumento masivo de la energía generado por la quema de estos combustibles fósiles.Hoy día podemos decir que en los países industrializados el hombre consume unas 17 veces más de la energía mínima necesaria para la vida.
El modelo energético actual se basa en la utilización a gran escala de los combustibles fósiles petróleo, carbón y gas, con una participación en la energía consumida de más del 80 %.
Esto origina tres problemas fundamentales que marcan su carácter de no sostenibilidad de este modelo: desarrollos centralizados; agotamiento de los recursos; deterioro medioambiental.
La cuarta parte de la población mundial consume las tres cuartas partes del total de la energía primaria en el mundo.
El agotamiento de los recursos energéticos convencionales es uno de los problemas a corto plazo de este modelo energético. El ritmo de consumo de estos combustibles es tal que en un año la humanidad consume lo que la naturaleza tarda un millón de años en producir.
La disponibilidad de petróleo abundante y barato es por tanto esencial para la economía y el bienestar de las sociedades industrializadas. En el caso de escasez, el acceso al petróleo, será causa de conflictos internacionales de gran importancia.
Al ritmo de consumo actual, queda en el planeta petróleo para unos 45 años; gas natural para unos 60; uranio para unos 70 años y carbón para unos 250 años
Los problemas medioambientales provocados por la utilización de estos combustibles fósiles amenazan con poner en grave riesgo la salud del planeta. El efecto invernadero, el calentamiento progresivo con el consiguiente cambio climático son algunas de las graves consecuencias de la emisión a la atmósfera de gases contaminantes principalmente CO2..
Son cada vez más los científicos que consideran como una posibilidad real un cambio climático, y esta preocupación está alcanzando ya niveles sociales y políticos, de ahí los últimos acuerdos internacionales como el de la cumbre celebrada en Kioto.
Esta claro que el modelo energético actual no es sostenible y la humanidad, si no quiere enfrentarse en breve espacio de tiempo a una crisis energética de consecuencias impredecibles, tendrá que cambiar su modo de vida y encontrar soluciones energéticas que no contaminen, que sean accesibles a todos los países y que sustituyen al soporte energético actual basado en los combustibles fósiles.